Sobre mí

18:54 La última miga 0 Comments

Todos hemos conocido a la última miga en algún momento de nuestras vidas. Ella, tan sola y tan pequeña, única superviviente de lo que hacía unos minutos era un plato de lo más rico, permanece valiente hasta que por culpa de su delicioso sabor, es finalmente devorada por nuestro insaciable apetito. O no.

Hay gente que como yo, desde que el mundo es mundo, no es capaz de terminarse un plato, ni aunque éste fuera el último manjar de la Tierra, pues nuestros genes (ya que es cosa de familia) nos hacen incapaces de tal grandiosa hazaña. Llamadlo manía, vicio o simplemente, mala costumbre. Es algo que desde que tengo uso de razón he hecho y han intentado erradicar sin éxito. De ahí que le de nombre a este rincón.

Aquí encontraréis recetas, algunas sencillas y otras no tanto, pero si asequibles a todos los bolsillos y para todos los públicos, pequeños y grandes. Ideas para desayunar, merendar o para preparar una comida para ir a trabajar. Platos para el día a día, o para ponerse las botas en una ocasión especial.

Además, podréis encontrar aquí sitios bonitos en los que cenar o zamparse un trozo de tarta. Los lugares a los que suelo ir a tomar el vermut, a comprar harina o simplemente a merendar un chocolate impresionante. Son los sitios con miga, los lugares de la Wikipedia dulce, o la Dulcipedia, como me llaman algunas de mis amigas.

La que escribe soy yo, Sheyla, una maestra de 27 años que vive en Barcelona y es de Calpe, un pueblo de la costa alicantina con un peñón enorme a sus pies.

Golosa y aficionada, sobretodo a la repostería, he ido cogiéndole el gusto a la cocina y al buen comer. No perdono el postre ni aunque esté tan llena que pueda salir rodando en cualquier momento. Las malas lenguas cuentan que tengo dos estómagos y uno, es solo para llenarlo de dulces.

La otra parte del blog, más tímida y menos visible es Román, el diseñador de todo esto que veis. Él, además de dejarlo todo así de bonito, es el que no deja ni la última miga de los platos y ha conseguido que mi gusto por el buen comer haya aumentado considerablemente.

El nombre del blog se debe a esa incapacidad mía para no vaciar los platos. Por eso, mientras una noche cenábamos en una pizzería, a Román se le encendió la bombilla y el nombre del blog apareció así sin más.

Espero que disfrutéis de este blog, tanto como yo lo hago preparando las recetas. Comer, hay que comer, y si podemos disfrutar de la experiencia, mejor que mejor.


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